Tipos de divorcio: ¿Qué pasos legales puedes dar para poner fin al matrimonio?

Tipos de divorcio: ¿Qué pasos legales puedes dar para poner fin al matrimonio?

En uno de mis artículos hablaba sobre las diferencias entre separación y divorcio y explicaba brevemente cómo se tramitan ambas figuras, en este caso queremos centrarnos en una de las consultas clave por parte de muchas de las personas a las que asesoro legalmente: los tipos de divorcio a los que podemos hacer frente. O lo que es lo mismo, las diferentes vías legales para formalizar el divorcio. Existen fórmulas sencillas y rápidas para terminar con un matrimonio de la forma menos compleja posible, pero es necesario el acuerdo de las partes. De otro modo, nos enfrentaremos a un procedimiento contencioso que resulta algo más complicado. Como en cualquier situación, siempre es mejor que ambas partes hagan lo posible por entenderse y acabar con el vínculo de la forma más amistosa posible.

Aconsejo acudir a un profesional legal para estudiar tu situación o la de tu pareja y llegar a una solución justa para todos, protegiendo tus intereses y contando con un apoyo cercano por parte de tu abogado. Ponte en contacto conmigo  si quieres resolver cualquier duda. 

Tipos de divorcio: divorcio de mutuo acuerdo o divorcio contencioso

La ley da cobertura a todos los escenarios posibles, ofreciendo soluciones para cada circunstancia que dependen, en general, del entendimiento entre las partes implicadas. Un abogado puede ayudar a evitar el conflicto y a alcanzar un acuerdo que evite una fractura mayor, especialmente si existen hijos comunes. Además, desde hace muy poco, la nueva Ley de Jurisdicción Voluntaria (vigente desde julio de 2015) permite que la separación o el divorcio puedan llevarse a cabo de forma extrajudicial, ante un notario, aunque cumpliéndose ciertos requisitos (el principal, que sea de mutuo acuerdo). De este modo, es posible agilizar plazos y evitar acabar ante un juez.

Básicamente existen dos tipos de divorcio: el divorcio de mutuo acuerdo o amistoso, y el divorcio contencioso. Estas son sus diferencias:

Divorcio de mutuo acuerdo o amistoso

El divorcio de mutuo acuerdo o amistoso puede tramitarse de distintas formas:

– Extrajudicial ante notario. La Ley de jurisdicción Voluntaria permite tramitar un divorcio sin tener que pasar por los tribunales, pero debe tratarse siempre de casos en que exista mutuo acuerdo y en las que no existan hijos menores no emancipados o con la capacidad modificada judicialmente que dependan de sus progenitores. Esta vía es sin duda la más rápida y sencilla, así como la más económica. El notario otorgará una escritura pública, de manera personal y asistidos por un letrado, en la que constará de manera inequívoca la voluntad de las partes de divorciarse y las medidas que regirán los efectos producidos por el divorcio: atribución del uso de la vivienda familiar, contribución de cada cónyuge a las cargas familiares, alimentos, pensión a la que pudiera tener derecho uno de los cónyuges por el desequilibrio causado por la ruptura y la liquidación del régimen económico matrimonial.

Es importante tener en cuenta que la ley impone que un abogado esté presente en la firma de la escritura de divorcio notarial, y ello para garantizar el buen asesoramiento y la protección de las personas que se van a divorciar ante notario. Me he encontrado con casos de cónyuges de países que no pertenecen a la Unión Europea y que residen en España que han acudido por esta vía y se han encontrado con que no podían ejecutar dicho acuerdo notarial ante los tribunales de su país de origen al no constar su divorcio amistoso dentro una resolución judicial.

– Judicial. Será la vía necesaria para aquellos casos en que, a pesar de existir acuerdo, existan menores de por medio. Su protección requiere que el caso pase por un juez que tome decisiones relativas a su guarda y custodia. Este procedimiento no tiene por qué ser tedioso y largo, pero lo es más que el proceso ante notario, y lo mismo se aplica a su precio. Eso sí, basta presentar la demanda y el convenio regulador (es el acuerdo alcanzado por los cónyuges, plasmado en una especie de contrato) para que luego se ratifique delante del juez. Así, una vez ratificado el convenio regulador, si el juez lo encuentra ajustado a derecho (es decir, si no vulnera ningún derecho ni principio fundamental a ninguna de las partes), dictará la sentencia de divorcio. Ambos cónyuges pueden actuar compartiendo abogado y procurador, al existir acuerdo entre las partes.

Divorcio contencioso

En este procedimiento la situación es más compleja, ya que no existe acuerdo y, por tanto, hay que alcanzarlo por otras vías. Será una de las partes la que presente una demanda de divorcio, y ésta, dada la falta de acuerdo de las partes, no podrá acompañarse de una propuesta de convenio regulador. Sí es necesario incluir en la demanda las medidas que se crea oportuno adoptar en cuanto a la guarda y custodia de los hijos, el régimen de visitas, las pensiones alimenticia y compensatoria y el uso de la vivienda familiar, para que el juez las establezca en la sentencia que decrete el divorcio.

El proceso de este tipo es más largo y caro que los anteriores. Una vez presentada la demanda y contestada por el otro cónyuge, el juez citará a las partes a una vista a la que deben asistir ambos -junto con su abogado y procurador, siendo imposible compartir abogado-, así como el Ministerio Fiscal en caso de que existan hijos comunes y menores. El juez dictará sentencia por la que se decrete el divorcio de los cónyuges y se establezcan las medidas que regirán a partir de ese momento las relaciones de los cónyuges y, las de éstos, con sus hijos. Lo sentenciado se inscribirá en el Registro Civil. Eso sí, estas sentencias pueden modificarse a voluntad de las partes posteriormente en caso de existir una modificación sustancial en la circunstancias.

En cualquier caso, cabe la posibilidad de que hayamos iniciado los trámites de divorcio contencioso pero que en el proceso se alcance un acuerdo y finalmente se redacte un convenio regulador que los cónyuges firmen. Entonces el trámite acabará por la vía de divorcio de mutuo acuerdo.

Siempre es mejor intentar alcanzar una solución amistosa. Una opción para ello es apostar por la mediación familiar, sobre la que hablaremos en nuestro próximo post. En estos casos, una tercera persona, el mediador, intervendrá con la finalidad de llegar a acuerdos que permitan a la pareja reorganizar su relación como padres, clarificar e identificar los intereses en común, y, de esta forma, establecer una negociación que desemboque en acuerdos satisfactorios para toda la familia y de forma especial para los hijos. También se puede acudir a un abogado colaborativo de familia, siendo un método alternativo a la resolución de conflictos. Se trata de un proceso extrajudicial y voluntario donde las partes se convierten en las únicas protagonistas del proceso con la finalidad de llegar a un acuerdo con la asistencia de sus respectivos representantes legales.

Si necesitas ayuda o quieres realizar cualquier consulta, no dudes en llamarme o enviarme un email y me pondré en contacto contigo. 

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