Como cada año, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha hecho públicas las estadísticas sobre rupturas matrimoniales durante el ejercicio anterior. El resultado más llamativo y más rotundo es que, si comparamos el pasado año con 2024, el descenso total en el número de rupturas de pareja legales fue muy acusado, del 11,7 %. Pero, ¿significa esto que las parejas se entienden mejor… o es posible que nos encontremos ante un problema socioeconómico que nos obliga a permanecer en situaciones no deseadas?
He tenido el placer de aportar mi punto de vista sobre los nuevos datos del CGPJ en una entrevista para el periódico La Vanguardia. Por eso quiero aprovechar estas líneas para agradecer a este medio su interés en este importante asunto, clave para entender cómo funciona y evoluciona nuestra sociedad, así como para compartir algunos de los datos más relevantes y mi valoración a partir de lo que nos muestra nuestra realidad diaria en el despacho.
Desde Crespo Law queremos, una vez más, invitarte a ponerte en contacto con nosotros si tienes cualquier duda acerca de tu situación familiar. La prevención y el asesoramiento legal a medida y de calidad son clave para evitar situaciones legales con repercusiones que se alejen de nuestros intereses.
Menos divorcios no significa más amor
Resulta llamativo el hecho de que, según los datos del CGPJ, el descenso de las rupturas haya afectado a todas las modalidades principales, es decir, a divorcio y a separación, tanto de mutuo acuerdo como contencioso, aunque esta caída fue especialmente elevada en el caso de las rupturas contenciosas o no consensuadas.
Más concretamente, según recoge el informe, las demandas de divorcio contencioso registradas en los órganos judiciales en 2025 (27.935) descendieron un 24,7 % respecto al ejercicio anterior; mientras que los divorcios de mutuo acuerdo (53.466) bajaron un 3 %. En cuanto a las separaciones contenciosas (784), se redujeron un 22,1 %, mientras que el decremento de las de mutuo acuerdo (2.167) fue del 8 %.
Además, hay que recordar que, más allá de diferencias autonómicas, si miramos la foto nacional, el descenso del número de rupturas matrimoniales viene produciéndose ya desde los ejercicios 2022 y 2023, si bien durante 2024 se produjo un pequeño repunte.
¿Cómo podemos leer estos datos? ¿Una caída en el número de rupturas significa necesariamente que las parejas se entienden mejor y tienden a ser más duraderas? Podría ser, pero no necesariamente o, al menos, no únicamente. Quizás la lectura más realista pase por atender al contexto socioeconómico para comprender que, para muchas familias, el divorcio es un lujo.
Por eso apuntamos en el artículo de la Vanguardia que las dificultades económicas tienen mucho que ver con que miles de parejas permanezcan bajo el mismo techo sin desearlo. La situación, además, tiene pocas vistas de cambiar a corto plazo si atendemos a los problemas más acuciantes de nuestra sociedad: el precio de la vivienda sigue por las nubes y los recientes conflictos bélicos prometen disparar los precios de otros muchos bienes, incluidos los de primera necesidad y, por supuesto, de la energía.
En definitiva, menos divorcios no significa más amor: cada día hay más parejas que deciden seguir compartiendo techo con la relación rota, a la espera de encontrar los medios necesarios para iniciar vidas separadas.
De cara a la vista del juicio, el padre modificó la petición inicial de la demanda y solicitó que se le atribuyera en exclusiva la guarda y custodia de los dos menores, con un régimen de visitas, comunicación y estancias con la madre que se desarrollaría en el domicilio de las hermanas de esta; así como dejar sin efecto la atribución a la madre del uso del domicilio que había sido familiar, y que se acordara en su lugar su atribución al progenitor custodio, que ostenta además la titularidad exclusiva de dicho inmueble.
Más madurez a la hora de llegar a la ruptura
No todo es economía y, aunque estoy convencida de que lo anterior es totalmente cierto -especialmente con el precio de la vivienda, tanto en alquiler como en venta, por las nubes y sin esperanza de bajada en poco tiempo-, también existe otra realidad más esperanzadora: las rupturas definitivas de pareja son cada vez más meditadas.
Me refiero con esto a que la decisión de romper una relación, en contra de lo que podría pensarse en una sociedad donde todo va muy rápido, es para muchas personas un desenlace que llega solo tras muchas horas de terapia de pareja, negociación, espacio… Tal vez ambas cosas se unan y una mala economía nos empuje a intentarlo un poco más, pero lo cierto es que veo cada vez más parejas dispuestas a hacer un esfuerzo importante por probarlo todo antes de dar el paso definitivo.
En este sentido, me parece especialmente paradigmático el caso de la terapia de pareja: hace años era relativamente raro que un matrimonio hiciera uso de esta herramienta, mientras que, a día de hoy, se ha convertido en algo muy frecuente y, en ocasiones, en un verdadero salvavidas para la pareja.
Además, cada vez acudimos más a terapia de forma individual, especialmente ellas (que son la que, además, más peso e incomodidad suelen cargar). Poder comunicar de forma asertiva estas diferencias y darles solución a tiempo también puede tener un efecto salvador para muchas parejas, aunque sea a costa principalmente del trabajo del otro.
El por qué de la caída de las rupturas conflictivas
Tal vez por todo lo anterior (más terapia, más negociación, más madurez) vemos un descenso mucho más acusado de las rupturas contenciosas, aunque no hay que perder de vista que la ley cada vez favorece más la vía amistosa y obliga, en cierto modo, a intentar un acuerdo antes de llevar el caso por la vía contenciosa.
Así, desde abril del año pasado está vigente la Ley de Eficiencia, que obliga a los abogados a mediar e intentar alcanzar un acuerdo antes de llevar el caso al juzgado. Si no se consigue, hay que justificar por qué se ha fallado en ese propósito. Así que se cierran, gracias a ese trabajo de mediación, más casos de forma amistosa.
Tampoco hay que dejar de lado el enorme trabajo que llevan a cabo los abogados de Familia de cara a alcanzar acuerdos en situaciones, a veces, límite: si hay más separaciones de mutuo acuerdo que contenciosas y las demandas por estas últimas descienden ahora en los juzgados es en gran medida por el trabajo que se hace en los despachos de abogados, donde los casos suelen empezar, como ha sido casi siempre, con mucho enfrentamiento y conflicto, pero acaban con acuerdo
El ’retrato robot’ del divorcio en España: 40-45 años y 15 de matrimonio
Si atendemos al ‘retrato robot’ de las personas que se divorcian o separan en España nos encontramos con personas de entre 40 y 45 años y alrededor de 15 años de matrimonio. Así es la realidad que vemos en nuestro despacho y también la que constatan otros colegas de profesión.
Además, existen determinadas comunidades en las que los divorcios son más frecuentes: es el caso, casi históricamente, de Baleares y Canarias, donde los abogados de Familia tienen más trabajo de lo habitual.
En concreto, durante 2025 la tasa en Baleares fue la más elevada de España (con 207,7 demandas de disolución matrimonial por cada 100.000 habitantes), seguida de Canarias, con 205,2; y Comunidad Valenciana, con 195. En el caso de Cataluña, la media de rupturas (170,4) estuvo muy cerca de la media nacional (171,9).
Más allá de los datos, detrás de cada cifra se encuentra una compleja casuística que precisa una atención personalizada, empática y verdaderamente útil desde el punto de vista legal. Por eso desde Crespo Law queremos invitarte a ponerte en contacto con nuestro equipo de abogadas de Familia para resolver cualquier duda, sea cual sea la situación familiar en la que te encuentres: estaremos encantadas de ayudarte.

