Un Tribunal reconoce la nulidad matrimonial por ocultar enfermedades psiquiátricas

Un Tribunal reconoce la nulidad matrimonial por ocultar enfermedades psiquiátricas

Pocas veces nos encontramos con sentencias que traten sobre supuestos de nulidad matrimonial, ya que los requisitos para que un matrimonio se considere nulo son muy restrictivos. De hecho, los datos del Instituto nacional de estadística (INE) recogidos año a año dejan claro que el divorcio es la vía más frecuente para terminar con una relación matrimonial, seguida muy de lejos por la separación que, en realidad, no nos habla de ruptura en sentido estricto.

Como ejemplo, según datos del INE referentes a 2022, durante aquel ejercicio se produjeron 81.302 divorcios, 3.210 separaciones y 39 nulidades. Esto significa que los divorcios representaron el 96,2 % del total, las separaciones el 3,8 % y las nulidades menos del 0,1 %.

Por eso resulta especialmente interesante la sentencia que vamos a ver en este post: en ella se analiza si es posible considerar causa de nulidad matrimonial el haber ocultado a la pareja la existencia de enfermedades psiquiátricas que requieren medicación y tratamiento vitalicio. La respuesta, en este caso, es afirmativa, en contra del criterio que mantuvo la sentencia de primera instancia.

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Nulidad matrimonial por ocultación de enfermedades psiquiátricas

La sentencia, dada por la Audiencia Provincial de Badajoz, analiza el caso de un matrimonio en el que una de las partes, el marido, cuenta con antecedentes psiquiátricos de gravedad. De hecho, estuvo en prisión con 19 años, siendo tratado en psiquiatría durante su ingreso en un centro penitenciario.

Se considera probado que se trata de “una persona inestable afectivamente e impulsiva, en la que la percepción de una separación o rechazo pueden ocasionar cambios profundos en su comportamiento.” Además, “suele menospreciar los sentimientos y los derechos de los demás.”

Ya antes de su matrimonio, padecía un trastorno mixto ansioso depresivo y de la personalidad (límite y antisocial) y capacidad intelectual límite. Además, había sido consumidor de drogas y, aunque “a lo largo de su vida ha pasado algunos periodos mejores, sus recaídas han sido frecuentes.”

En cuanto a su esposa, no se considera probado que estuviera al corriente de las dolencias que presentada su esposo al tiempo de la celebración del matrimonio. En este sentido, la mujer, que recurre una primera sentencia en la que no se le concedió la nulidad del matrimonio, manifiesta que conoció a su esposo y, en un plazo de seis meses desde el primer encuentro, contrajeron matrimonio.

Al inicio del matrimonio convivieron con la familia del marido y, transcurridos unos meses, se trasladaron a otro inmueble, momento en el que la convivencia “se tornó insoportable”. “Fue a raíz de que [el marido] dejara de tomar la medicación que tenía pautada”: según asegura la recurrente, ella no tenía conocimiento de su grave enfermedad psíquica.

Solo cuando conoció la historia clínica del demandado pudo comprobar que, desde 2007, estaba diagnosticado de trastorno mixto ansioso depresivo, trastorno mixto de la personalidad (límite y antisocial) y capacidad intelectual límite. También se constató que en 2015 presentaba abuso de sustancias tóxicas (cocaína) y que en 2019 se mantenía dicho diagnóstico.

Añade que, en el momento en que su marido fue ingresado en el servicio de urgencias, manifestó que “soñaba con sangre y previamente le dijo de viva voz que la tenía que matar.” Por tal circunstancia, presa del miedo, ella abandonó el domicilio, no volvió y, automáticamente, instó demanda de nulidad matrimonial.

El Ministerio fiscal, por su parte, dictamina que la pretensión de la apelante debe ser aceptada, por entender que sí existe motivo de nulidad acerca de características determinantes del esposo, que eran por completo desconocidas por ella. En cuanto al esposo, se encuentra en rebeldía.

La conclusión de la sentencia: el matrimonio es nulo

La sentencia, en contra del criterio mantenido en primera instancia, se basa en el artículo 73 del Código Civil, en el que se enumeran las causas de nulidad del matrimonio. Entre ellas se incluye la nulidad por vicios del consentimiento.

Así, el matrimonio es nulo cuando se contrae por error o por coacción o miedo grave. “En ambos casos estamos en el ámbito de la anulabilidad, porque solo puede ejercitar la acción el cónyuge que hubiera sufrido el vicio y el matrimonio se convalida si los cónyuges viven juntos durante un año después de desvanecido el error o de haber cesado la fuerza o la causa del miedo”, recuerda la sentencia.

En el caso de error, puede ser de dos tipos:

  • Obstativo (es decir, una discrepancia inconsciente entre la declaración y la voluntad).
  • Error vicio (cuando la voluntad se forma mediante una creencia inexacta).

En el error vicio, por su parte, distinguimos entre la identidad de la persona y en sus cualidades. En este último supuesto, “es preciso que esas cualidades, por su entidad, hayan sido determinantes en la prestación del consentimiento.”

La sentencia prosigue su análisis recordando que las cualidades personales son “las circunstancias o caracteres, naturales o adquiridos, que distinguen a las personas”, por lo que “para que el error invalide el matrimonio es necesario que sean suficientemente importantes, esto es, que determinen la prestación del consentimiento.”

“La importancia de la cualidad objeto del error es de carácter subjetivo y su prueba corre a cargo de quien reclama. Ahora bien, como apunta la doctrina más autorizada, para contratar la importancia de la cualidad personal, también cabe recurrir a criterios objetivos. Será así cuando el error verse sobre aquellas cualidades de la persona necesarias para alcanzar la comunidad plena de vida en que consiste el matrimonio. En esos supuestos, el error viciará el consentimiento matrimonial.”

Partiendo de esta idea, el Tribunal considera que “esto puede ocurrir en aquellos casos donde se ignora una enfermedad crónica que ha permanecido oculta y que, además, impide a quien la padece hacer una vida ordinaria.” “En esas circunstancias, la comunidad plena de vida se verá seriamente comprometida y también el cumplimiento de los deberes inherentes al matrimonio por parte de quien padezca dicha limitación.”

Efectuadas estas consideraciones y revisadas las pruebas documentales, consta acreditado que el esposo, desde hace muchos años, padece de forma crónica diversos trastornos psiquiátricos. La documentación clínica pone de manifiesto que esa afectación es grave y recurrente, y le ocasiona cambios profundos en sus capacidades cognitivas, en sus relaciones afectivas y en su comportamiento, según señala el informe psiquiátrico.

Por todo ello, “ha quedado demostrado que, antes de su matrimonio, padecía un trastorno mixto ansioso depresivo y de la personalidad (límite y antisocial) y capacidad intelectual límite. Y no hay prueba alguna de que la esposa estuviera al tanto de ello. Además, la relación de noviazgo fue corta, seis meses. En ese periodo, bien pudieron pasar desapercibidos sus trastornos, porque habitualmente las enfermedades psíquicas son dinámicas. Hay periodos de remisión y consecutivamente se producen brotes o recidivas.”

Por otra parte, el Tribunal asegura que no se puede exigir a la recurrente que pruebe un hecho negativo. “La previa ignorancia de la enfermedad no ha sido negada ni aceptada por el esposo. No podemos presuponer que la esposa supiera que su cónyuge padecía un trastorno de la personalidad, límite y antisocial. Es plausible la manifestación de [la mujer] cuando dice que, al tiempo de casarse, pensaba que él no padecía trastorno alguno.”

Por último, no consta que los cónyuges hayan convivido más de un año después de conocer la esposa el error. Por todos estos motivos, se acuerda la nulidad del matrimonio y se declara disuelto el régimen económico matrimonial, cesando cualesquiera poderes que los cónyuges pudieran haber otorgado el uno en favor del otro.

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