coordinacion de parentalidad y coronavirus

«Coordinación de parentalidad y coronavirus: tiempo de responsabilidad” | Artículo de Elena Crespo para Diario de Mediación

Hoy compartimos con nuestros lectores un nuevo artículo de colaboración de la abogada Elena Crespo Lorenzo para ‘Diario de Mediación’, una revista especializada en Derecho de Familia y mediación familiar. Bajo el título «Coordinación de parentalidad y coronavirus: tiempo de responsabilidad”, Elena analiza la repercusión de la pandemia por coronavirus y el estado de alarma en los asuntos relacionados con la gestión de crisis familiares desde un punto de vista legal, centrándose en la importancia de la coordinación de parentalidad.

Vivimos una situación excepcional: la crisis sanitaria, económica y social provocada por el coronavirus Covid-19 ha trastocado nuestras vidas a todos los niveles, y la gestión de las crisis familiares no es una excepción. En este contexto, la actividad judicial también ha frenado en seco, y desde distintos foros se ha pedido a los padres un ejercicio de responsabilidad. Ello pasa por reducir el conflicto y alcanzar soluciones amistosas, evitando la judicialización de las discrepancias y ayudando a descongestionar la Justicia, ya bastante colapsada. Sabemos que no siempre es sencillo, aunque afortunadamente cada vez existen cada vez más herramientas de diálogo. Una de ellas es la coordinación de la parentalidad, de la que hoy hablamos en detalle. 

Coordinación de parentalidad y coronavirus

Elena explica en su artículo las funciones del coordinador de la parentalidad, que actúa como auxiliar o colaborador del juez y analiza e interviene en la implantación de las medidas aprobadas por éste. El coordinador de parentalidad cuenta con facultades de gestión del conflicto, de mediación y de reconducción de la familia hacia la normalización de la nueva situación.

Por eso la coordinación parental puede ser tan útil en estos momentos: una figura que garantice el cumplimiento de medidas puede también mantener el conflicto en contención y ayudar a reducirlo.  Se trata de lograr, en última instancia, que los protagonistas del conflicto aprendan a evitar la confrontación y sean capaces de desbloquear puntos de fricción por sí mismos, garantizando el adecuado desarrollo de los menores. De esta forma, es posible evitar escenarios de no colaboración entre progenitores, así como la continua intervención de los tribunales para garantizar el cumplimiento de sentencias (con las limitaciones de todo orden, en particular, procesales que ello conlleva).

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